jueves, 19 de febrero de 2009

La loca incertidumbre del amor


“Hay días en que la incertidumbre me vuelve a matar”, escribió ella sentada en el amplio sofá de su casa, “no es que no me guste la incertidumbre, la encuentro un poco alentadora en algunas situaciones, pero en esta, me gustaría prescindir de todo y que sea mi futuro un libro abierto que pueda leer a mi antojo”. Ella era una persona bastante obstinada, y en diversas ocasiones se vio perjudicada por sus caprichos sin beneficio aparente. Ahora estaba en esos momentos típicos de una mujer enamorada y se resistía a que él, no la quisiese.


“Leer, en el libro de mi vida tu nombre, un sólo nombre que me vuelve loca” prosiguió mirando luego el abrigo colgado en el perchero de la entrada. Estaba oscureciendo y pronto se quedaría sin luz, los árboles dibujaban suaves siluetas en la pared blanca. “Cuando te conocí sentí algo que no había sentido en mi vida, me imaginé una vida juntos, tan brillante y casi real que me dedique a perseguirla sin tener en cuenta algo muy importante, que tal vez, quizás, tú no sentías lo mismo”. Pobre chica necia y enamorada como todos los humanos, se adelantó y las consecuencias la condujeron por el camino de la locura.


“Eras tan hermoso, tan misterioso que no pude contener o no pude permitir que mis sentimientos se cobijen en la seguridad de mi interior, por eso fue que tuve que expresarlo, mi ilusión debía cumplirse a como de lugar. Me bastaba el ver la expresión de tu rostro ante el altar cuando me aceptaste como tu esposa y vivíamos la vida tan felices juntos, que supe que era lo mejor para ti, y también para mí. Pero quiero que entiendas que si no hubiera sabido que ibas a ser feliz conmigo no habría actuado. Yo no soy egoísta y por eso solo busco tu felicidad sin que la mía me importe mucho”. La criatura despreciable se aferraba a la hoja como a un recuerdo que no podía dejar ir. Las lágrimas derramadas fueron esparciendo la tinta mientras continuaba escribiendo con menos luz que antes. “Ahora me dices que te he arruinado la vida cuando la uní con la mía, pero pretendo que entiendas que es lo mejor, cuando se te valla la ira verás que me amas y que no puedes vivir sin mí’’


La última luz roja del rayo de sol atravesó la ventana y le ilumino el rostro afligido a la escritora desesperada. Se levantó de un salto y corriendo hacia el otro lado de la habitación, encontró lo que buscaba, el interruptor de la luz del cuartito de al lado del sofá. Con dedos temblorosos lo accionó, y continúo escribiendo en la pared. “Yo mi amor estoy destinada a la muerte, estoy muy enferma, muero cada día y sé que no serás feliz en mi ausencia. ¿Es acaso un pecado querer tu felicidad a mi lado?, no lo creo, no debía ser tan egoísta de dejarte vivir si sabia que no ibas a ser feliz en esta vida terrenal. Ibas a sufrir mucho por que yo me iba a morir. Por eso mi amor te maté, por tu bien, para no ser egoísta.”. La loca se retorcía de la risa mirando el cadáver ensangrentado del hombre en el suelo de la habitación, él no era su marido, el no se había casado con ella, él estaba enamorado de una muchacha que ahora estaría infeliz por su muerte. Él era inocente, una victima del más retorcido amor de la loca.


Entonces la loca se puso el abrigo del hombre inhaló profundamente y escribió dos palabras más con la sangre del hombre: “Te amo”. Acto seguido se suicido tomando un exceso de medicación para la enfermedad por la cual decía que se moría, la incertidumbre del amor.

1 comentario:

Alquimista dijo...

Es una decripción muy real del egoismno puro del amor, instantes robados de la realidad ajena al mundo, me gustó Flore, lo publiqué en alquimiayciencias.blogspot.com , me gusta tu forma de crear contextos y sentires en las negritas (palabras).
Gracias, Gustavo